Urkupiña une a miles de peregrinos en actos de fe y tradición
Por ines - Vie ago 17, 11:10 am
Cuatro horas de caminata permitieron a
los peregrinos llegar hasta el cerro de Cota, para cumplir con promesas
de fe y hacer pedidos ante quien llaman la “mamita” de Urkupiña.
Como parte de la festividad de la Virgen
de Urkupiña, el día del Calvario, ayer, congregó a miles de feligreses
en la zona Sur de Quillacollo, distante a unos 16 kilómetros de la
ciudad de Cochabamba.
Unos a pie desde la ciudad y otros con menos caminata, pero todos llegaban emocionados hasta el lugar.
En Cota se mezclaban las prácticas religiosas y las tradiciones andinas, en medio de bendiciones y ch’allas.
Los peregrinos subían y hacían la señal
de la cruz en el santuario; compraban ch’uspas (bolsas para colgarse al
cuello tejidas a mano o de aguayo) llenas de billetes de Alasita,
tarjetas de crédito y otros documentos. Ya en la cima, buscaban una
“mina” para trabajar con el combo y extraer piedras como símbolo de
sacrificio a cambio de que se cumpla un pedido.
Tras la extracción de las piedras, a
veces pequeñas y otras muy grandes, el rito proseguía con la tradicional
ch’alla en el mismo lugar, serpentina, mixtura y cerveza fueron la base
de la práctica.
En la parte posterior del santuario del
Calvario, una imagen que mira hacia el Sur es la principal. Centenas de
personas, con paciencia por la fe que tienen, hacían fila hasta de media
hora para llegar hasta ella y ponerle en frente las bolsas con las
piedras que habían extraído del cerro, junto a miniaturas como casas,
vehículos, dinero.
Un sacristán rociaba con agua que sacaba
de un balde con un ramo de flores, de fondo se oía cohetillos, y
mientras salpicaba agua bendita también llegaban gotas de cerveza. A
pocos metros estaban los callawayas con rituales andinos, aunque también
hacían pedidos a Dios.
“Señor que a esta familia no le llegue la
maldición, ni la hechicería, ni la envidia”, decía uno mientras
recorría con sahumerio por sobre las cabezas de los creyentes.
La denominada Fiesta de la Integración
hacía honor a ese nombre, cuando a cada paso se veía visitantes del
valle, el altiplano y el oriente boliviano, además de extranjeros y
residentes fuera de Bolivia.
El camino de retorno era el mismo de
llegada. Mientras miles de fieles de Urkupiña se iban, otros se
trasladaban hasta el Calvario./OPINION








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